
Me dormí, soñé... Y te vi, te volví a encontrar, comenzamos un nuevo camino. El reloj nunca marco la hora de decir adiós, al terminar esa noche se repitieron miles, siempre ahí conmigo, siempre a mi lado y yo al tuyo.
Ya sin excusas solo amándonos, viviendo como si nada mas importara en el mundo. Un idilio.
En las noches frías te veía abrazarme y sintiendo tu calor me sentía feliz, completo, satisfecho, vivo. Al despertar el reflejo del sol que se filtra por la ventana te iluminaba de tal forma que parecías un ángel al lado mio, me emocione y le di gracias a Dios por tenerte ahí, por estar acurrucado a mi costado y te podía sentir, sentir tu calor, ver tu rostro iluminado por Dios, eras una ilusión.
Los días pasaban como en un segundo, a tu lado todo era perfecto, nada podía salir mal y si así pasaba lo resolvíamos con una sonrisa. Tu hermosa sonrisa, cada vez que la veo me derrito, en mi estomago se siente como un carnaval y mi corazón baila sin parar, me hace el hombre mas feliz del mundo verte sonreír.
No me cambiaba por nadie en el mundo, nada me hacia falta, solo tu. De repente de un solo tirón desperté, no lo creía, quería volver a dormir, a vivir ese sueño, rece para que la realidad fuera el sueño y el sueño se convirtiera en realidad, no paso, una lagrima recorrió mi rostro y volví a tu ausencia.
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